Es el animal terrestre más grande del planeta: el elefante africano de sabana. Un macho puede pesar seis toneladas y superar los tres metros de altura.
Sus orejas gigantes funcionan como un aire acondicionado: al agitarlas, enfrían la sangre que circula por ellas. Y aunque no lo oigamos, los elefantes están hablando todo el tiempo: emiten sonidos tan graves que viajan kilómetros, e incluso “escuchan” con las patas, percibiendo las vibraciones del suelo.
Viven en familias guiadas por la matriarca, la hembra con más experiencia, que recuerda caminos y fuentes de agua durante décadas. Y sus crías se hacen esperar: la gestación dura casi dos años.
Hoy está en peligro por la caza furtiva y la pérdida de hábitat. Un mundo sin elefantes sería un mundo con menos sabana.