Si hay un animal hecho para el desierto, es este: el dromedario, el camello de una sola joroba. Y empecemos por un mito: la joroba no está llena de agua, sino de grasa, una despensa para los días sin comida.
El agua la gestiona de otra forma. Puede perder una cuarta parte de su peso en agua sin problema, y luego beber más de cien litros en unos minutos. Tiene doble fila de pestañas y cierra la nariz cuando sopla la arena. Incluso deja que su temperatura suba varios grados durante el día para no gastar agua sudando.
Fue domesticado hace unos tres mil años y ha acompañado a los pueblos del desierto como transporte, alimento y abrigo. Hoy ya no quedan dromedarios salvajes: todos viven junto a las personas. Un auténtico superviviente.