Rojo, blanco, negro, dorado… Las carpas koi parecen pinturas en movimiento. Y su historia empieza de forma muy humilde: en los arrozales de Japón, en el siglo diecinueve, los agricultores criaban carpas para comer y empezaron a fijarse en las que nacían con colores extraños.
Así nacieron las nishikigoi, las “carpas de brocado”, como se las conoce en Japón. Hoy existen decenas de variedades, y algunas son auténticas joyas.
Son peces muy longevos: viven décadas, e incluso se cuenta que una koi japonesa llamada Hanako superó los doscientos años, aunque nunca se ha podido comprobar. Y son listas: reconocen a quien les da de comer.
Según una leyenda china, una carpa que remontó una gran cascada se convirtió en dragón. Por eso, en Asia, la koi es un símbolo de perseverancia.