Curiosas, ágiles y siempre con ganas de explorar: así son las cabras enanas. Esta variedad doméstica procede de África occidental, y sus antepasadas fueron de los primeros animales que el ser humano domesticó, hace unos diez mil años.
Fíjate en sus ojos: tienen las pupilas rectangulares. Gracias a ellas ven casi todo a su alrededor sin mover la cabeza, algo muy útil para detectar peligros.
Y son unas grandes escaladoras. Sus pezuñas combinan un borde duro con una almohadilla blanda que se agarra a la roca como la suela de una zapatilla.
Además, cada cabra tiene su propia voz, e incluso su propio “acento”, y las madres reconocen a sus crías entre muchas otras. Ah, y no se comen cualquier cosa: en realidad, son bastante exigentes.