Dos de los patos más bonitos del mundo son primos, aunque viven a un océano de distancia. El pato mandarín es de Asia oriental; el pato carolino, de Norteamérica. Y ambos tienen una costumbre sorprendente: viven en bosques junto al agua, se posan en las ramas y anidan en huecos de árboles.
Eso significa que sus patitos nacen en las alturas. Al día siguiente de salir del huevo, saltan al vacío, a veces desde varios metros, para seguir a su madre hasta el agua. Son tan ligeros que aterrizan sin hacerse daño.
El mandarín, con sus “velas” naranjas en el lomo, es en China un símbolo de amor y fidelidad. Y el carolino es una historia de éxito: hace un siglo casi desapareció, y hoy vuelve a ser común gracias a la protección.