En el mundo de los faisanes, ellos se llevan todo el color. Los machos lucen plumajes de fantasía, con dorados, rojos, verdes metálicos y colas larguísimas. Las hembras, en cambio, visten de marrón moteado: un camuflaje perfecto para pasar desapercibidas mientras incuban.
Casi todos los faisanes son originarios de Asia. El más conocido, el faisán común, debe su nombre a un río de la antigua Cólquide, en el Cáucaso, la tierra a la que, según la mitología griega, viajaron Jasón y los argonautas. Y el faisán dorado, de las montañas de China, parece salido de un cuadro.
Pasan casi todo el día en el suelo, buscando semillas e insectos. Pero si se asustan, alzan el vuelo de golpe, con un estruendoso batir de alas. Sorpresa garantizada.