Es el ave más grande de Australia y la segunda más alta del mundo: el emú. No puede volar, pero corre a unos cincuenta kilómetros por hora con zancadas de casi tres metros.
Fíjate en sus plumas: de cada cañón salen dos, y por eso parece despeinado. Ese plumaje le protege del sol abrasador del interior australiano.
Pero lo más sorprendente es su forma de criar. La hembra pone unos huevos enormes, de color verde oscuro, casi negro… y después es el macho quien los incuba durante unas ocho semanas, prácticamente sin comer ni beber. Luego cuida él solo de los polluelos.
Y si oyes un sonido grave, como un tambor lejano, puede ser una hembra de emú. Un corredor incansable y todo un símbolo de Australia: aparece junto al canguro en el escudo del país.